silenciosas se retorcían

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Afuera, caras conocidas para ellos, desconocidas para nosotros (y, probablemente, aunque lo negasen, también para algunos de ellos), pero…
Dentro, unas cuantas personas deambulaban alrededor de un ejército fantasmal de serpientes que levitan a cincuenta centímetros del suelo.
Hasta que alguien se atreve a cruzar entre ellas (¿se puede? ¿está permitido?).
En ese momento las percibes como son. Aparentan ligeras, elegantes y elásticas, mientras que son algo estático, pesado y cuya manipulación hizo sudar al artista.
Estos ejercicios estéticos que derrumban nuestra percepción real es la que, según mi opinión, es válida y necesaria para mantenernos alerta ante lo que nos rodea, sea arte, personas o pensamientos.

– Acerca de la exposición de Damián Ortega en la Gladstone Gallery de Nueva York –