“Ana en la piscina” de Nuria Cubas

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La tristeza extraña de la lluvia arranca la proyección. Diluvio universal que cala pero que apetece. Hace mucho calor.

Y aquí está ella. Es Ana. Está absolutamente sola. Hace cosas que sólo haría si estuviese sola, sin que nadie la mirase. Sin embargo, mira a Nuria, su hermana, la que graba, la directora de la cinta, en dos diminutos instantes, como por error, o no. La estamos observando y ella nos ha descubierto. Sí, la estamos analizando.

Se recrea acariciándose la piel y mirando a su alrededor. A tiempo real. Las chicharras y los ladridos de Lupe que cruza buscando algo, no sabes el qué. ¿Qué ocurre fuera de Ana?

Un momentazo cuando apunta con los brazos para tirarse de cabeza, pero no se decide… ¿Cuántas veces habremos hecho eso?

El agua quieta tintinea, la crema brilla como una mancha de petróleo en la superficie, oleosa y bella, y su pelo flota mientras se va hundiendo y jugando con todo su cuerpo.

Tiempo. Tiempo para deleitarnos en ella, en su color de pelo, de piel, de sombra, de turbulenta sombra. La quietud del cuerpo y su nerviosa reproducción oscura y profunda en el claro gresite de la piscina.

Un entorno apetecible y cálido, muy cálido, que nació de una tormenta de verano.