variaciones anímicas de luz

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Después de la tremenda decepción de los primeros visitantes al Guggenheim al ver la espiral cerrada, el disgusto se va transformando en otros sentimientos…
James Turrell ha reconstruido perfectamente el característico ojo del museo con telas tensadas y velos blancos que sirven de pantallas a su espectáculo lumínico.
El blanco que se confunde con la arquitectura interior vira sutilmente a un cálido y reconfortante amarillo que se calienta en un rojo inquietante, se transforma en morado y se ennegrece el tono y nuestro espíritu.
Nos conduce silenciosamente por rincones de nuestra memoria perceptiva con apabullante maestría.

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